
Los setos, arbustos, los troncos caídos y el musgo solo eso hubo por un largo tiempo, pero poco a poco se iban disipando dejando en su lugar un pasto lleno de roció que tal parecía haber sido regado hace tan solo un par de segundos atrás, era hermoso….
- Creí que te arrepentirías de venir a verme, y tan solo no te presentarías - su voz era el mismo terciopelo que recordaba y me paralizo al instante
- Parece que no me conoces, sabes perfectamente que yo soy una mujer de palabra ¿no es así?
Mi voz había sonado tan cortante que me sorprendió, pro al mismo tiempo me alegro pues temía que sonara débil
- Si- su tono era triste era más de lo que esperaba – aun me odias
Esa no era una pregunta sin embargo respondí de igual forma:
- Si
- Gabrielle, lamento lo que hice, se que te condene a algo que tu no querías…
- ¿Qué piensas Alexander?, ¿Que viniendo aquí y decir “OH Gabrielle te amo perdóname por arruinarte la vida, no quería hacerlo enserio” se arreglara todo?
Dije eso con odio puro y una gran dosis de sarcasmo.
Estaba llorando de odio o al menos eso creía yo.
- No – dijo y agacho la cabeza
- Bien, veo que haz aprendido a no hacerte falsas esperanzas.
El dudo por un momento, pero solo un momento y entonces camino hacia mi cauteloso pero con ese trote grácil tan característico de el.
Retrocedí tanto como pude pero una gran pared de piedra detuvo mi camino y el llego hasta a mi y su mano gélida llego también a mi mejilla con vario torrentes y choques eléctricos consigo
- Vaya aun eres tan calida como te recordaba, tan suave,,,
Su aliento me estaba hipnotizando, realmente no podía darme el lujo de darle el control de mi y de la situación.
- Gabrielle no podríamos solo olvidar tu odio hacia mí… empezar de nuevo… tú y yo…
Su voz, sus susurros, su aliento chocando en mi rostro era tan hipnotizante.
Su cercanía era tan peligrosa, la distancia que nos derrapaba se hacia cada vez mas estrecha entre nosotros. Mis manos se situaron en su pecho en un fallido intento de de alejarlo o al menos de detener su proximidad continua a mi. Sus manos estaban sobre mis hombros apoyando las palmas en la roca que estaba en mi espalda.
Mis palmas comenzaban a sentir la presión de nuestros cuerpos.
Estaba perdida no podía luchar contra esto. Sus labios ya rozaban los míos y no pude resistirlo mas, sus labios eran tan calidos, tan dulces, tan irresistibles.
¿Qué demonios estaba haciendo?
Me separe de el con la respiración entrecortada y una dulce picazón en los labios.
- No puedo – susurre
- Claro que si – me contradijo jadeante
- No Alexander esto no esta bien – espete
- Lo se- dijo besándome de nuevo
- Debería regresar a casa
- Es cierto deberías – convino el
- Te odio – la palabra salio de mi boca sin pensarlo…
Eso lo detuvo por un instante, pero un segundo mas tarde sus labios se curvaron en una sonrisa, entonces contesto:
- Y yo te amo
Y continúo besándome.
- Deberíamos parar
- Si, es cierto deberíamos hacerlo pero no quiero hacerlo
Entonces solo en ese instante una lagrima salio de mis ojos entonces muchas mas fueron guiadas fuera por ella, una tras de otra
El se alejo de mí y me contemplo totalmente confundido
- ¿Qué pasa? – me susurro dulcemente
- Tu no lo entiendes Alexander, no es como si pudieras solo venir aquí y hacer como si nada pasara y arreglar todo así de fácil, no puedes ignorar todo lo que paso…
- Shhh – puso su uno de sus dedos en mis labios y dijo- Lo se pequeña, no tengas miedo Gabrielle no será como la ultima vez te lo prometo.
- ¿Cómo puedo confiar en ti?, ¿Cómo puedo saber que no te iras como la ultima vez?, ¿Cómo se que tengo la garantía de que volverás y no desaparecerás de nuevo?, ¿Cómo puedo volver a confiar en ti?
Mis lagrimas caían sin cesar , me sentía tan dolida como nunca, que no note nada extraño en mi, hasta que una manta de neblina se apodero lentamente de todos mis sentido y me sumí en la inconciencia…
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